
Apura el paso sobre la vereda de baldosas frías. Da una última bocanada y tira el cigarrillo antes de entrar. Oculta su rostro bajo el ala del sombrero.
Nadie voltea cuando la figura ingresa. Santino Conde juguetea con su whisky on the rocks con la mirada perdida en el éter de azulejos. Un escalofrío sube precipitadamente por su espalda.
La silueta oscura se acerca directo a la barra. En una mesa a sus espaldas, Somosa se reencuentra con Rocambole tras su viaje y le presenta a Arrieta, un tercero en discordia para futuros proyectos irrealizables. Somosa hace hincapié en el negocio del fútbol y habla sobre un tal Miguel que habían ido a observar en sus entrenamientos de futura promesa.
Alfredo Arrieta se disculpa y se levanta para ir al baño. En el corto camino se cruza con Eugenio Echagüe e intercambian una mirada extraña. Echagüe reconoce algo familiar en Arrieta: no es el hecho de haber sido vecinos en Avellaneda, nunca antes se habían visto. Lo que Eugenio Echagüe y Alfredo Arrieta advierten entre sí es el brillo que pierde la mirada humana luego de haber quitado una vida.
El visitante toma asiento en un banco alto junto al mostrador. Busca el diario del día pero no lo encuentra. En su lugar manotea la carta y coteja las infusiones distraídamente.
K aparece unos segundos después. Mira hacia la caja para hacerle una seña a Valentín, pero se sobresalta al divisar al sujeto que increpa al dueño del Albatros. Algo en sus gestos le da la sensación de estar contemplando a su reflejo invertido.
-¿Valentín Flores, verdad?
-Ése es mi nombre, veo que ya soy famoso. ¿Qué se va a servir el señor?
-Nada de lo que está aquí me apetece, gracias. Sólo he venido a darle una advertencia.
-¿Perdón? Ah, ya sé, ¿es de la DGI, no? Mire, tengo todos los papeles en regla, se los puedo mostrar si me da un segundito.
-Eso es mucho más de lo que puedo otorgarle. Mi tiempo se acaba. Todavía no se encuentran todas las piezas en el tablero, pero las demás no tardarán en llegar…
-¿Qué? Si me está pidiendo una coima creo que no nos estamos entendiendo…
-Es urgente, caso de vida o muerte… la culpa de todo la tiene el escritor, se distrajo… hable con él, antes de que sea demasiado tarde…
-¿Qué escritor? Señor, por favor, tranquilícese… tome algo…
-No puedo, debo irme… no pierda su tiempo: hoy ya ha muerto alguien en el barrio.
Valentín no puede evitar dejar caer un vaso. El ruido harto conocido de los vidrios al explotar atrae todas las miradas. El abstruso informante aprovecha la distracción para escabullirse por donde vino.
El silencio abismal hace completamente audibles las palabras que el dueño del Albatros repite en un semitono:
-Hoy ha muerto alguien en el barrio…
Florencio Gauna vuelve a ojear rápidamente los avisos fúnebres pero no encuentra nada al respecto. Sonríe y se tranquiliza al ver quien abre la puerta:
-No se preocupen por mí, estoy bien –Afirma Genaro Cúspide acomodando el nudo de su corbata.




