sábado, 4 de octubre de 2008

Cuatro




Cuando regresé a mi asiento Palabrín ya no se encontraba allí. Me acurruqué contra la ventanilla, tratando de no pensar. Me saqué el Nenúfar y me tapé con él.

No podría decir si dormí o no, ni cuánto dormí. Supongo que sí lo hice, pero al abrir los ojos tenía la sensación de que recién los había cerrado. Sin embargo el sol se colaba por la ventanilla contraria. Mi Cronopios indicaba las 8:40.

Volví al salón comedor y me tomé un café. No había señales del hombre-de-gris. Ya era hora de tomar la decisión, ¿acompañaría a aquel extraño en la no menos abstrusa aventura?

Mientras tomaba el último trago Palabrín apareció con un diario bajo el brazo. No podía ser el de hoy. ¿O si? ¿Nos habíamos detenido en algún momento? P se sentó en mi mesa.

- Perdón por la tardanza, es que mis coprolitos me estaban matando. Realmente necesitaría un espéculo en mi ano para poder sacarlos…

Fingí no entender lo que había dicho. Era realmente asqueroso para esa hora de la mañana.

- ¿Durmió bien?
- Algo.
- ¿Y ya se decidió?

Estaba esperando esa pregunta desde que lo había visto entrar al vagón. Realmente no lo pensé, sólo mi limité a contestar.

- Estoy adentro.

En menos de dos horas el viejo Astrocondor se detuvo en san Miguel del Tucumán. Yo no conocía la cuidad, así que confié en P y lo seguí hasta lo que él consideraba “un hotel limpio y barato”. Luego de registrarnos y dejar nuestros bolsos en habitaciones diferentes, nos despedimos hasta más tarde en la puerta del hotel.

- Bueno, vaya, pasee y coma algo. Conozca la ciudad.
- ¿Usted que va a hacer?
- Tengo que arreglar unos asuntos antes de visitar a mi amigo… iremos a su negocio mañana en la noche, los sábados se llena y será más fácil pasar desapercibidos. Tome, acá tiene una tarjeta del lugar, péguese una vuelta si tiene ganas de caminar, pero no es muy cerca de aquí.

Observé la tarjeta: era blanca, en ella figuraba la dirección y un garabateado color plateado con la insignia “Calígula”.

- ¿Pero se va así como así? ¿No va a contarme nada? Aún no conozco los detalles de esta… aventura.
- No se preocupe joven: ya habrá tiempo para charlas más tarde. Ahora tengo algo que hacer, nos vemos esta noche en el patio del hotel. Ah, me olvidaba: mi nombre es Victorio. Victorio Santana.

Ese no era el nombre con el que se había registrado en el hotel. Yo sí había escrito el mío.

- Bueno, yo no suelo usar pseudónimos, así que ya habrá visto que soy Valentín Flores.
- Sí, lo suponía. Bueno, hasta luego.
- Espere un momento, hay una pregunta que quisiera que me responda antes de que se vaya…

Es cierto que pensé en preguntarle por ese tal Sabat, el nombre que el hombre-de-gris me había dicho la noche anterior. Pero no puedo decir por qué, algo a último momento me contuvo de hacerlo…

- ¿Le gusta el cheese-cake?
- ¡Claro, hombre! Como a todo el mundo.

Victorio se alejó rápidamente y dobló la esquina. Me alegró saber su nombre, ya no quería seguir llamándolo Palabrín.

3 comentarios:

El Jardinero del Kaos dijo...

que decir...mcfly tienes talento.

me lei el 3 y el cuatro de un tiron no dan respiro, me recuerda a american gods de gaiman, pero se que no lo leiste, asi que insisto: "las ideas estan en el aire"
propongo:

-monoaural
-rendez-vous
-shaman

estoy usando un diccionario de voces extranjeras, si te la quiero complicar y que?

Duquesa de Katmandu dijo...

Va un triple de jamón y queso:

gefilte-fish
Homo Erectus
dicotiledónea

Beso frugal

Paula Daiana dijo...

Veo que no me equivoqué y aceptó la aventura!!... muy tentadora la foto del cheese cake, más a esta hora del domingo...