jueves, 2 de octubre de 2008

Dos



Hacía media hora que el señor extraño se había sentado frente a mí, sin decir palabra. Trataba de no mirarlo, pero era difícil esquivar su aspecto dadaísta, su mala combinación de los colores. De pronto el extraño personaje dirigió hacia mí las siguientes palabras:

- Me gusta, ¿es un auténtico Nenúfar, verdad?
- ¿Perdón?
- Su levita, un Nenúfar, del 63, si no me equivoco.

Noté que se refería a mi viejo saco. Abrí un costado y miré su interior: una etiqueta bordada en oro decía “Nenúfar, 1967”.

- Veo que es usted muy atento. Es cierto, es de esa casa, pero del 67.
- Oh, bueno, un pequeño solecismo… imperdonable, pero pequeño.
- No se preocupe, yo sólo sé que lo compré el año pasado, en una feria americana.

El hombre sonrió y calló una vez más. Cuando el silencio comenzaba a volverse insoportable, y viendo que mi celular ya no captaba ninguna radio, saqué mi revista de palabras cruzadas, decidido a completar algunas mientras el sol que se colaba por la ventanilla todavía me lo permitiera.

“Horizontal, ocho letras: dilatación, distensión”.

- Diástole.
- ¿Me habó a mí?
- La palabra que usted busca, buenamigo, allí D-I-A-S-T-O-L-E.

Aquel sujeto estaba en lo cierto. Y al parecer, muy atento a la situación. ¿Debería seguirle el diálogo o tan sólo agradecerle?

- Gracias, señor, muy amable.
- De nada, hijo. Perdón, seré curioso, ¿qué lo trae a viajar por estos lares?

El hombre parecía decidido a iniciar una charla. No quería ser descortés…

- Bueno, en realidad no tengo ningún motivo especial.
- ¡Pero cómo que no, joven! Siempre hay algún acicate para realizar tremenda empresa por estas tierras de nadie.

Este individuo realmente hablaba de forma extraña.

- No sé, ¿escapar le parece un buen incentivo?
- Claro, siempre y cuando me diga de qué está escapando, ¿alguna calamidad infranqueable desde sus pagos?
- En realidad no. Bah, no lo sé… no sé de qué escapo a decir verdad. Supongo que de la rutina, del sinsentido.
- Bueno, si ese es su problema, tal vez pueda ayudarlo.

El hombre-de-las-palabras sacó un habano Metratón, cortó la punta, lo encedió y lo saboreó con calma. Tenía entendido que no se podía fumar dentro del vagón, pero no le dije nada. El cielo comenzaba a ponerse rosado.

- ¿Ayudarme? ¿En qué sentido?
- Bueno, en realidad nos estaríamos ayudando mutuamente. Si usted colabora conmigo, no sólo le estará dando un sentido a su vida, sino que además podrá obtener grandes beneficios. Tome, he aquí un pequeño empréstito…

El hombre-de-las-palabras, o Palabrín, como había decidido llamarlo, extendió su mano con un sobre. Lo tomé y lo abrí despacio. Dentro había una fuerte suma de dinero.

“Bueno, ¿por qué no?” Pensé. La verdad que Palabrín ya no me parecía tan intragable.


4 comentarios:

G. dijo...

Me gusta... me sigue entreteniendo.

La historia viene bien y está ese morbo de buscar las palabras.

Hoy me levanté especial.

Propongo:
UN
TAL
FUNES

Como frase o separadas, eso resta por verse, usted decide.

Duquesa de Katmandu dijo...

Hola Galán,
Al pie, como corresponde, os dejo (pese al deja-vu):

Payaso
Prostíbulo
Pedantería

beso pochoclero,

Anónimo dijo...

Me puse al día y a tono con su blog, sea lo que sea que eso quiera decir.
Bien bien. Pero esto de un texto por día me parece medio exagerado. Propongo:
demasiado
basta
postmortem

Hasta que el viento nos amontone, lo saluda

El Niño Bidimensional

Pulque dijo...

OBVIAMENTE OS PEDIRE LA INCLUSION DE LA PALABRA

-PULQUE.

Y SUGIERO TAMBIEN

-SABAT
-ENANO

YA SABE QUIEN SOY NO HACE FALTA ACLARAR, PARA LOS QUE NO, POR EL LAS FALTAS DE ORTOGRAFIA Y LA MALA MANERA DE ESCRIBIR SE DRAN CUENTA.

ABRAZO BAJO LA LLUVIA!!!