miércoles, 27 de agosto de 2008

Desliz emocional (Parte 5 de 6)


Por tercera vez en esos días subió los viejos escalones con la lámpara encendida. Comprobó con la mirada que no había nadie allí y cerró la ventana con vehemencia. Dio un último vistazo y bajó, pensando que habría sido el viento el que había hecho golpear las persianas. Por si acaso, una vez abajo arrastró un pequeño mueble y lo colocó contra la puerta que subía al desván, aquella que no lo había dejado dormir por tantos años.

Estaba cansado, pero no podía quedarse quieto. Encendió su pipa una vez más y caminó por todas las habitaciones. Finalmente se detuvo, volvió hacia unos cajones de la cocina y abrió el primero. Sacó un pequeño papel y lo leyó para sí: era la dirección que había encontrado hacía dos días en aquel gorro de marinero.

Se colocó su sombrero, abrió la puerta de entrada y salió, decidido a enfrentar su destino. Iba a ir a ese lugar. No sabía bien por qué, pero sentía que debía estar allí para poder develar todo el misterio. Sobre la mesa había quedado el viejo papel de periódico en el que el día anterior el viejo Fúrmenton le había envuelto el tabaco. Era el diario del 7 de septiembre. No se veía el año.

La noche estaba oscura, apenas iluminada por algún farol perdido. Trató de recordar las indicaciones que le había dado el viejo y, aunque dio algunas vueltas de más, finalmente se encontró caminando directo hacia la costa.

La calidez de esa noche se fue enfriando con el viento marino a medida que se acercaba a lo que alguna vez había sido un puerto. Ahora sólo quedaba un deshecho muelle de madera, junto con lo que parecían ser unas pequeñas divisiones donde atar los barcos. A la derecha pudo ver unas viejas cabinas hechas con tablas, donde antiguamente se guardaban los elementos de pesca y algunos otros artefactos necesarios para la navegación. Contó cuatro y entró.

El lugar estaba completamente a oscuras, y sólo podía escucharse el sonido de las olas rompiendo contra los arrecifes. Buscó alguna lámpara para encender, tanteando objetos polvorientos y telarañas. Encendió un fósforo para ver mejor y encontró una a la que todavía le quedaba un poco de combustible. La prendió y observó el lugar: había una mesa y una silla, varios aparatos extraños y unas sábanas tiradas en un rincón. Parecía como si alguien hubiese estado allí no hacía tanto tiempo, además, ¿por qué tendría combustible la lámpara si no?

De pronto escuchó unos golpes en el muelle. Se quedó completamente quieto, agudizando el oído, y descubrió que se trataba de pasos. Pero era extraño: se escuchaba un golpe y un paso, un golpe y un paso... . El sonido estaba cada vez más cerca y el doctor sabía que no tenía forma de ocultarse. Lo único que podía hacer era esperar. Entonces el ruido cesó. Y la puerta se abrió.


(Continúa)


[Archivo 2004]

5 comentarios:

Lauri dijo...

Leído.

Next!!

:P

La Maga dijo...

las mariposas me dan la sensación de libertad...viven su corta vida tan intensamente q su vuelo podría perdurar en el tiempo..no solo sus 24hs de gloria...
te dejo un beso,,, espero que estes bien ya casi llegando al finde!!!

ai dijo...

dejo de visitar unos pocos dias y me encuentro con todo esto.. y me puse al dia..

muero por saber como termina!..

un beso

ai dijo...

si!.. que sea para este finde.. es posible?..

un beso..

Duquesa de Katmandu dijo...

Bueno, Galán, como escuché una vez decir a alguien: "A cada chancho e llega su San Martín".
Llegará?

Beso,