domingo, 26 de octubre de 2008

Veintiseis



Todo era tan bello y perfecto. La felicidad, ¡oh, sublime sentimiento humano! Alcanzable a la luz de los días.

Ella danzaba con su belleza de Casiopea. Yo giraba a su alrededor como un toponauta amorfo. No teníamos pies ni cabeza, sólo éramos paz, felicidad y amor.

La luna se reflejaba en su piel. Todo en ella era perfecto: la gracia de su cabello, su sonrisa, sus labios de zarzamora….

Quería quedarme allí para siempre. No quería que me despertaran…

- Valentín. ¡Eh, Valentín! Dale que la combi nos espera.

Partimos hacia la excursión en Caleta Valdés. En un recorrido a través de toda la Península, vimos pingüinos, lobos y elefantes marinos y las tan esperadas ballenas. Sin embargo, mi mente se había quedado colgada en otra cosa. Ya no me importaban las piedras, sólo quería volver a ver a una persona. Una mujer que en dos días me había hecho sentir cosas que otras no habían logrado en mil.

- No puede ser LA piedra.

- ¿Qué?

- El premio del campeonato, no puede ser la piedra que buscamos. Sería demasiada casualidad.

- Ah, claro. No, no creo que sea.

- Pensá, si hay alguien custodiándola, no la pondría de premio en un concurso que puede ganar cualquiera, ¿no? Además, ¿desde cuándo se sabe que está este torneo? Nuestros compañeros de hotel dijeron que se venían preparando desde antes… Los organizadores lo armaron cuando nosotros no estábamos.

- Sí, salvo que nos estuvieran esperando.

- ¿Cómo?

- Acordate cómo nos descubrió Álvarez. Tal vez haya otras personas escuchando noticias. No sé, quizás calcularon el tiempo que tardaríamos en llegar hasta acá, y organizaron el torneo justo para cuando estemos.

- Valentín, vos ves mucho cine.

- Y vos con esa frase me hacés acordar a una película…

Regresamos al hotel por la tarde. En el hall un televisor encendido anunciaba que “…continúan buscando pistas acerca de la bandera robada en la base chilena… Por el momento lo único que se halló cerca del lugar de los hechos fue un habano consumido por la mitad…”.

- ¿Oíste Victorio? ¿Y si nos descubren por tu habano?

- ¿Cómo? No, es imposible.

- No sé, por tu saliva… ¿no pueden hacer un ADN? ¿Y tus huellas?

- A lo sumo probarán que estuve por ahí, fumando, en algún momento… la verdad es que no me preocupa demasiado, ahora tenemos que pensar en otras cosas.

Pasamos el resto de la tarde planeando diversas estrategias y nuevas señas para participar del torneo. Aún no sabíamos si el premio era el que esperábamos, pero debíamos estar preparados por las dudas.

Al atardecer fuimos para el bar y nos anotamos. Allí nos encontramos con nuestro amigo Abud, que charlaba con un señor de gafas negras junto a una pequeña vitrina.

- ¡Hola! Acerquensé muchachos. Les presento a Cruz, mi hermano.

Luego de las presentaciones correspondientes vino lo más interesante:

- Bueno, ahora sí puedo asegurarles cuál será el premio. Mi hermano es muy reservado, y no quería mostrarlo hasta último momento, ¡es que él es escultor!

Mientras dijo eso se corrió hacia un lado y dejó ver una pequeña estatuilla de piedra oscura, con forma de una mano sosteniendo tres cartas de truco.

Al principio me desilusioné al ver que no era lo que estábamos buscando, pero Victorio se había dado cuanta de algo.

- Es preciosa, ¿de qué está hecha?

- Oh, gracias. Es una especie algo extraña de obsidiana, tratada con monóxido de carbono y sulfato de cobre. Una creación propia, debo decir.

Recién en ese momento caí que el material con el que estaba hecho el premio era igual que el de las piedras de Albatros.

- Interesante. Y, seré curioso, ¿es el primer premio que le encargan que haga para una competencia? Digo, porque su arte es impresiónate…

- Jaja, ¡qué pregunta extraña! ¿No, hermano? –Dijo Abud- ¿Es el primero, no?

El hombre de gafas sonrió orgulloso.

- No, no es el primero. Hace muchos años me pidieron que haga una serie de premios para un juego del cual no me dieron muchos detalles. Sólo sé que me pagaron muy bien, pero jamás supe qué hicieron con ellos. Salvo con uno, que me permitieron quedármelo.

- ¡Ey, eso no lo sabía! ¿Por qué nunca me lo contaste?

- La única condición que me dieron era que no dijera nada. Que algún día alguien vendría preguntando por él.

- ¿Y dónde está?

- Lo tuviste siempre con vos, ¿te acordás que te encargué que lo cuidarás mucho cuando te lo di? –Dijo Cruz señalando a su hermano.

- ¿No me digas que es esto? –Abud se desprendió un botón de la camisa.

Poco a poco extrajo una cadena plateada, de la cual colgaba una pequeña piedra oscura, con un ave apenas imperceptible grabada en uno de sus lados.

A las nueve comenzó el torneo: dieciséis parejas competirían en una serie de eliminatorias que comenzaban con los Octavos de final. Nos aseguramos de anotarnos en llaves diferentes que las de nuestros cuatro extraños compañeros, para no tener que encontrarnos con ellos hasta las etapas finales.

A la primera pareja la vencimos bastante fácil: dos chicos bastaron para dejarlas fuera del juego. Pero en los Cuartos de final nos tocó jugar con dos chicas bastante pulposas, que si bien no jugaban demasiado, sí lograban distraer mi atención libidinosa, y Victorio tuvo que golpearme varias veces la pierna por debajo de la mesa para que me concentrara en el juego. Perdimos el segundo chico por estas razones, pero en el grande las hicimos dormir afuera (una lástima, hubiese preferido que durmieran conmigo).

El primer reto en serio se nos presentó en la Semifinal: nos enfrentamos nada menos que a Diógenes y el Cubano. Por suerte el entrenamiento visual de la noche anterior nos había permitido adelantarnos a varias de sus jugadas, lo que nos concedió finalmente el primer chico. Sin embargo, nuestros rivales cambiaron rápidamente de estrategia, y no pudimos usar dos veces el mismo truco. El segundo chico lo perdimos, con apenas siete buenas. Tuvimos que poner todo nuestro esfuerzo y utilizar las técnicas y señales no estándar que habíamos inventado para poder ganar ese grande, con un ajustado final quince a once.

Los organizadores del torneo decidieron hacer una pausa consumista antes de que se jugara la final, que, por supuesto, nos había tocado contra Abud y el Padre de la Nena.

- Valentín, este es nuestro momento de actuar.

- ¿Qué hacemos? ¿Les tiro algo en la bebida? Perdón, era un chiste.

- Tenemos que convencer a Abud de que nos entregue esa piedra…

- Dejame a mí, creo que sé cómo.

Me acerqué a nuestro falso actor con dos vasos y una sonrisa:

- ¿Un trago antes de la gran final, compañero?

- Gracias, ¿fernet?

- Obviamente. No te lo tomes a mal, pero quería hacerte una propuesta.

Abud me miró torciendo una ceja.

- A mi compañero le ha gustado mucho el colgante ese que tenés ahí… y dentro de poco es su cumpleaños. Mirá, yo sé que ganar este torneo es muy importante para vos, y la verdad es que nosotros lo hacemos como un hobbie… No sé, tal vez, si te parece…

- Esperá, dejame ver si te entendí bien… ¿Vos querés proponerme dejarte ganar a cambio de mi colgante?

- Bueno, yo no sé si decirlo así, pero…

- No, claro que no. ¡Jamás haría algo así! Yo te dije que hacía esto por el honor, ¿qué honor tendría una final arreglada? No, olvidate.

Me sentí bastante estúpido. Rápidamente cambié de estrategia:

- Ok, ¿así que te interesa tanto el honor? Bien, hagámoslo por el honor entonces: apostemos.

- ¿Apostar? ¿Qué?

- Si yo gano, además del trofeo me quedo con tu piedra, Y si ganás vos, te dejo mi reloj –Dije, señalando a mi viejo y querido Cronopios. Valía la pena intentarlo.

- Mmmm. No lo sé…

- Ah, perdón, no sabía que estaba jugando con cobardes… -Dije, tirando mi última carta.

- ¿Cobardes? Jaja, ¡no sabés con quién hablás, chiquito! Yo juego, apuesto y gano desde mucho tiempo antes de que vos aprendieras el Veo Veo.

- Bien, ¿quedamos así entonces?

- Quedamos así.

Nos estrechamos las manos.

Es difícil describir la tensión que había en esa mesa. Sólo Abud y yo sabíamos del trato, pero los otros dos sospechaban algo, y el aire podía cortarse con una navaja. Cada carta, cada seña, cada tanto anotado hasta formar el clásico cuadradito con la banda cruzada era vivido, transpirado, olido, sentido, saboreado, sufrido…

Perdimos el primer chico quince a trece. Ganamos el segundo por la misma cantidad. El grande nos estaba costando demasiado. Íbamos doce a cuatro, ambos aún en las malas. Abud había entrado en confianza, y hacía chistes como mirar la hora en mi reloj “para ir acostumbrándose”.

Sin embargo, empezábamos a levantarnos. Sumamos varios tantos seguidos, casi hasta alcanzarlos. Entramos juntos en las buenas. Sudando cada jugada, llegamos a un no apto para cardíacos catorce a catorce de los grandes. Abud ya no sonreía.

Última ronda, yo era mano. Miré mis cartas despacio, asomándolas desde arriba una detrás de la otra: Rey de oros; Dos de oros; Siete de oros. Jugábamos sin flor, como los machos.

Lo miré a Victorio, me hizo señas de no tener nada. Puse el siete.

El Padre de la Nena miró a su compañero, y luego tiró un seis de copas. Todo parecía indicar que la carta para la primera estaba en manos de Abud, que se mostraba muy confiado. Temí por mi siete.

Victorio me miró, preguntándome implícitamente por el tanto. Ahí fue cuando comenzó mi terrible duda: ¿Debía confiar en mis 29? El Pederasta había arrojado un seis… Sin embargo, tal vez lo dejaran pasar e irían directo al Truco. A Victorio le quedaba un tres, según interpreté su seña. Si cantaba el tanto podríamos ganar… Pero tal vez el seis de mi rival venía acompañado de un siete… Si no lo cantaba, podríamos perder en el Truco, ¿Zafaría mi siete la primera y nos defenderíamos con el tres de Victorio?

Sentía toda la responsabilidad en mí.

Tragando saliva, lo miré a Vic y le dije: “cantá”.

- ¡Falta envido!

La pseudoconfianza de Abud se vio desmoronada. Dudó, lo miró a su compañero. Sin embargo sabía que había una sola respuesta que podía dar si quería continuar jugando.

- Quiero.

- Veintinueve.

- Son buenas… -Dijo el Padre de la Nena.

Victorio y yo lo miramos a Abud. Éste se paró y exclamó:

- ¡Qué hijo de puta!

Y tiró los dos anchos y un tres sobre la mesa.

Antes de retirarse, se quitó el collar y me entregó la octava piedra.

6 comentarios:

El Jardinero del Kaos dijo...

perdon, pero: "si algun dia un anciano o un muchacho vienen preguntando por la piedra....

es inevitable la analogia(está bien usada esta palabra?)

en fin apasionante partido de truco, pero nuestros amigos ibericos no se quedaran afuera???

propongo:

-Rubi
-Quiero llenarme de ti
-Penumbras
-Paris ante ti
-Señor cochero
-Trigal

si estoy mirando un grandes exitos de sandro y que???

Brindis de Fernet con coca!!!

Soportándome dijo...

Sí que te voté pibe. Y te pongo nuevas palabras.

- Almacén

- Elecciones

- Trauma

Duquesa de Katmandu dijo...

Las letras V y Z tienen su encanto, sí.

Propongo humildemente:

mamarracho
garabato
zafarrancho

Beso,

Ally dijo...

Hola,

Si voté pero a veces tarda un par de días en contabilizarlo.

Yo también espero tu voto...

Un beso y gracias por visitar mi blog.

J. Úbeda dijo...

Muy acertada esa imagen del amor sin pies ni cabeza...

Paula Daiana dijo...

Atrapante juego... así que los machos no juegan con flor, mire usted!
Continuando el viaje...