miércoles, 20 de agosto de 2008

Desliz emocional (Parte 1 de 6)


El día en que el Dr. Thompson se decidió por fin a aceitar la vieja y oxidada bisagra era pesado y sumamente caluroso. Sus horas corrían lentamente en el espacio mientras él tomaba su antigua aceitera y se acercaba a la puerta del desván. Lentamente colocó el extremo de dicho artefacto contra una de sus bisagras, apretando y soltando cada vez, al mismo tiempo que las viscosas gotas se iban impregnando en el sórdido metal.

A pesar de que era julio y el calor húmedo pesaba sobre Inglaterra, el viejo doctor no se había quitado su gruesa chaqueta, ni su sombrero, y las líneas de sudor se deslizaban lentamente por sus mejillas.

Hacía tiempo que se había propuesto aceitar aquella puerta, ya que el ruido que producía por las noches no le dejaba conciliar el sueño. Era extraño, pero hasta la más leve brisa parecía ser capaz de moverla, a pesar de su gran peso y tamaño, y no había noche en que el doctor no escuchara su agudo chirriar.

Cuando hubo terminado con el trabajo, probó abriéndola y cerrándola varias veces, hasta comprobar que definitivamente aquel molesto sonido había sido eliminado. La puerta daba a una escalera, y esta última ascendía varios metros hacia un viejo desván, totalmente en desuso desde que el Dr. Thompson vivía solo.

Alguna vez había vivido con sus padres en esa misma casa, hacía más de cincuenta años. Su infancia había sido muy feliz, hasta que un inesperado accidente acabó con la vida de ellos. Fue cuidado por la hermana de un amigo de sus padres, al que jamás llegó a conocer, aunque le enviaba regalos de vez en cuando. Vivió un tiempo solo durante su adolescencia, hasta que, unos meses después de su vigésimo cumpleaños, se casó con una joven y hermosa damisela del pueblo.

Su vida juntos fue muy bella el escaso tiempo que duró: antes de cumplir cuatro años de casados, ella enfermó muy gravemente y a las pocas semanas falleció.

No habían tenido hijos, y el joven Thompson se había quedado solo una vez más. Terminó su carrera de medicina con el dinero que aún le quedaba de la herencia de sus padres, y desde entonces sólo se había dedicado a ejercerla, intentando hacer el mayor bien posible a la comunidad.

El trabajo estaba concluido: la puerta ya no hacía ruido y se abría y cerraba a la perfección, por lo que el doctor se decidió por fin a quitarse el sombrero y echarse a descansar en su sillón favorito, después de un arduo día de consultorio. Eso justamente estaba a punto de hacer cuando algo le llamó poderosamente la atención. No estaba seguro de lo que había visto, pero le pareció que un extraño reflejo de luz había titilado desde lo alto del desván.

Él no era cobarde ni supersticioso, sino un hombre seguro de sus actos. Ya estaba acostumbrado a la oscura soledad de la casa, y la conocía perfectamente, siendo capaz de recorrerla con los ojos cerrados. Sin embargo, al desván hacía mucho tiempo que no subía. ¿Cuándo había sido la última vez? No podía recordarlo.

Llevado por la curiosidad, tomó su vieja lámpara a combustible y comenzó a ascender los escalones.

Cuando llegó al desván lo recorrió con la mirada ayudado por la escasa luz que provenía de la lámpara, pero no encontró nada en especial. Pensó que aquel titilar habría sido producto de su cansancio, y se dispuso a bajar nuevamente los escalones. Pero, por alguna razón, no podía hacerlo. Algo lo retenía allí arriba.

Dio unos pasos por el lugar, como si estuviera buscando algo, y finalmente se sentó en un viejo y sucio banquito de madera, que había sido fabricado por su padre. A su derecha había un gran baúl, de un verde desteñido por el tiempo. Sin pensar en lo que estaba haciendo, apoyó la lámpara sobre unos libros antiguos, y comenzó a levantar la tapa.

Una nube de polvo gris acompañó al sonido sordo que produjo aquella tapa al ser desplazada del lugar en donde se encontraba desde hacía tantos años. El doctor acercó la lumbre para ver mejor el interior del baúl. Corrió unas telas manchadas por la humedad y observó detenidamente. Allí había diversos objetos: libros amarillentos, una brújula, un reloj de arena, algunas prendas de vestir, y otros tantos artefactos que desconocía totalmente su utilización. Encontró un pequeño estuche de cuero y lo abrió. En su interior había una navaja, en cuyo mango se leían las iniciales de su padre. Abrió algunos de los libros y vio que estaban escritos en otro idioma. Parecía alemán, o ruso. Algunos tenían caracteres y símbolos que jamás había visto. Buscó un poco más y también halló una fotografía, en la que podía verse a un joven vestido de marinero. En el dorso de la misma estaba firmado: “Henry Thompson”. Era su padre.

Siguió revolviendo casi mecánicamente, como si todavía le faltara encontrar algo. Entonces lo halló. Parecía sólo un viejo trozo de tela blanca, pero no tardó en reconocerlo: era el sombrero que llevaba su padre en la fotografía. Lo sostuvo un tiempo en sus manos, resistiendo las fuertes ganas de calzarlo en su cabeza. Cuando estuvo a punto de hacerlo, notó que una de sus costuras interiores estaba abierta. Introdujo como pudo uno de sus grandes dedos en la pequeña abertura y extrajo un papel cuidadosamente doblado. Sorprendido, lo extendió a la luz de la lámpara y vio que en él se encontraba escrita una dirección: Puerto Strawson, Madson St. 948, cabina 4.

Estaba a punto de cerrar el baúl y volver hacia la sala, cuando hubo algo más, una última cosa que le llamó la atención. En una de las esquinas interiores había una piedra extraña, algo amarillenta. La tomó para examinarla mejor y la soltó en el acto, arrojándola como si estuviese hirviendo. Eso no era una piedra, era un hueso. Un hueso humano. Parecía parte de una rótula, pero no quiso averiguarlo. Un fuerte trueno resonó en el aire. Era una de las inoportunas tormentas de verano.

Tomó la lámpara y el papel que contenía aquella dirección y bajó las escaleras algo apurado. Preparó una cena rápida y se fue a acostar, ansioso porque llegue el nuevo día.

Dio muchas vueltas en la cama. La puerta del desván ya no chirriaba, y el sonido de la lluvia era tan monótono que era casi lo mismo no escucharlo. Pero había otra cosa que no lo dejaba dormir. ¿Quién había sido su padre? Él sabía que había sido empleado. No, tenía un negocio, ¿o se trataba de una fábrica? ¿Por qué no podía recordarlo? De lo único que estaba seguro era de que su padre pasaba poco tiempo en su casa. Siempre volvía tarde, y en ocasiones desaparecía por varios días.

Él tenía que averiguar la verdad. Al día siguiente iría a esa dirección.


(Continúa)


[Archivo 2004]

8 comentarios:

G. dijo...

Interesante relato, quiero ver qué era el padre.

Así que espero las próximas partes.

Sigo siempre pasando porque es uno de los pocos blogs que encontré que publican ficción (Adoptemos el termino)

Saludos; buen relato; en el sexto daremos opiniones más rotundas.

Anónimo dijo...

Mmmmmmmm... misterio... mmmmmmmmmmm... frambuesa (H. Simpson)

Bien, Galán. Una faceta suya desconocida hasta el momento por los eruditos. No me gusta esperar, pero lo hago...

Borges te diría que usás muchos adjetivos por momentos... a mí no me molesta tanto, pero te digo lo que diría él, porque me habla por las noches y me dijo que te dijera.

Monótonamente existiendo, saludos.

El niño bidimensional

Duquesa de Katmandu dijo...

Desliz (deslices,pl.). A pesar de ser aguda suena tentadora al pronunciarla. Resbaladiza.
Veremos a qué cuestiones non sanctas se dedicaba el progenitor... (o no).

Beso

ai dijo...

hermoso relato.. ansiosa estoy por leer la continuacion..

beso!

La Maga dijo...

uuuaaaauuu,,, quiero ver como sigue!!!!!....
se reclama la segunda entrega urgenteee!!..
te dejo mis saludos, gracias por llegar hasta mi espacio, espero q continuemos nuestras visitas en estos nuestros lugares tan opuestos...
volvere pronto!!!

El Jardinero del Kaos dijo...

eminenete colega, ya lo he leido. ¿no? develar el final seria de mi parte un sacrilegio, mas aun cuando el final es increible.
Creo que es su mejor relato,

sigo con sus consejos, pero lo mio no es la escritura me parece.

giselita dijo...

voy a leer la parte dos y comento...pero apurate a subir todas las partes porque este no lo conozco!!!

Anónimo dijo...

yo conoci cuando nacio la 1

=)