domingo, 5 de octubre de 2008

Cinco



Realmente me sorprende el universo infinito del lenguaje: las capas y capas cada vez más profundas que uno puede recortar, como en una paradójica cebolla repleta de Aquiles y tortugas. La capacidad de jugar con él me otorga, como narrador de estos hechos vividos, infinitas oportunidades de contarlos de manera diferente. Creo que podría utilizar cualquier palabra formulable dentro de este relato.

Podría describir con detalle todo lo que pasó ese día, desde que salimos del hotel hasta que nos fuimos a dormir. Mis paseos por la ciudad, el almuerzo en la parrilla, las fotos que guardé tan sólo en mi memoria.

O podría pasar directamente a la noche siguiente: nuestra irrupción en Calígula y las desventuras allí ocurridas.

O quizás pueda también, si quisiera, contar aquí mismo y de un tirón el final de toda esta historia.

Empecemos por algún punto medio. O empecemos por alguno, por lo menos. Un punto arquidémico que me permita detenerme en algún sitio para explicar el mundo.

Volví al hotel recién después de cenar. Victorio estaba en el patio, tomando un mate que al parecer le habían proporcionado los dueños de la posada. Me recibió de buen gusto y me cebó un amargo, ya un poco tibio.

- ¿Y bien, Valentín? ¿Te gustó la ciudad?

No me di cuenta cuándo sucedió que había comenzado a tutearme. Pero salteemos los detalles y vayamos al grano:

- Mañana después de cenar nos vamos para Calígula. Tomá, comprate pilcha, un saco y una corbata al menos. Allá podemos tomar algo y mirar lindas señoritas…

Mi gesto le contestó “sí, ya sé lo que es un cabarulo”, aunque nunca había ido a uno.

- …Vos pedí la que quieras, pero a mí me dejás a Rosita. No te preocupes, no te va a gustar: es la más vieja, y a esta altura supongo que ya no debe hacer más trabajos que cuidar a las nenas.
- Rosita es su vieja amiga, ¿verdad? Ella lo va a llevar con Funes.
- Exacto. Una vez que haga contacto con él, vos entrás conmigo. Puede que las cosas se pongan un poco violentas, pero no creo. Si todo sale como lo espero (como casi siempre ocurre) será sólo una charla de unos minutos: él me dará lo que yo quiero y yo lo que él necesita.
- ¿Y podremos irnos en paz?
- Y podremos irnos en paz. ¿Cenaste?
- Sí, empanadas. ¿Usted?
- Acá en frente preparan un gefilte-fish de maravillas.

No tenía idea qué era eso, pero tampoco quise preguntar. Lo que sí me interesaba saber era lo siguiente:

- Por lo que cuenta no parece gran cosa lo que vamos a hacer mañana, ¿para qué me necesita a mí entonces?
- Lo de mañana es sólo el comienzo, mi querido jovenzuelo. Si consigo lo que quiero (como casi siempre ocurre) empezaremos la verdadera aventura. Y necesito manos jóvenes para desenterrar un tesoro.

Como el lenguaje me permite viajar en el espacio y en el tiempo, no necesito contar aquí lo bien que dormí esa noche, en una cama al fin, ni mis paseos de compras por la tarde, donde adquirí más de lo que Victorio me había pedido, sólo por aprovechar su dinero.

En lugar de eso, pasemos directamente a los hechos concretos:

La primera impresión que me dio Calígula fue bastante extraña. Un hombre con aspecto de shamán vigilaba la entrada: tez trigueña, rasgos indígenas, pelo largo entrecano. Nos dejó pasar sin ningún tipo de preámbulos ni palabras sutiles ni hostiles.

Adentro estaba lleno de homo erectus, o cualquier eslabón inferior al hombre actual, si eso fuera posible. Nunca como en ese momento noté lo tontos que pueden llegar a comportarse los humanos machos frente a la presencia de hembras semidesnudas.
El lugar estaba rodeado de una neblina pegajosa y dulzona. Pasaban las golfas con sus escotes y sus cuerpos medio pelo, aunque luego del tercer fernet comenzaron a parecerme hermosas.

Por un momento divisé a Victorio hablando con una mujer un poco gorda, algo entrada en años. Pero pronto lo perdí de vista, distraído por las bellezas rústicas de las señoritas de turno.

Una de ellas con una dicotiledónea en la oreja se me acercó y me dijo algo que sonó más o menos como: “Voulez Vous avoir un rendez-vous avec moi?”.

“Qué te hacés la francesa si sos de Burzaco”, pensé. Sin embargo la invité a tomar un trago.

Diez minutos después estábamos en su habitación y noté que tenía el símbolo del sonido monoaural tatuado en su baja espalda.


7 comentarios:

maga dijo...

Con respecto a la primer parte, semiosis infinita y un poco de Blow up, digo, en recomendacion para consumir. Beso.

giselita dijo...

La verdad que me sorprendes cada dia, lei los 5 al hilo y ya quiero mas!!! No me animo a tirar palabras porque serian muy boludas al lado de las que te proponen y tan bien empleas. Me sigo deleitando, te propondria "giselita" pero temo que me pongas a trabajar en el prostibulo!!! jejeje, me encanto lo de "que te haces la francesa si sos de burzaco"!!! Excelente trabajo, y no me parece demasiado para tu talento... Genio!!!
(tu fan nº1)

El Jardinero del Kaos dijo...

tu fan numero 2 te dice de longchamps, la puta era de longchamps hay una estacion de diferencia, jaja.

me gusta que experimentes como en 5 despues te propongo algo...
sigo con mi diccionario:

-aberdeen angus (no podia faltar)
-per aspera ad astra
-monolito

se me ocurren mas, pero el mes es largo...

Fantômas dijo...

Pasate que tengo un regalito para vos!

Soy del Montón

Un abrazo.

Anónimo dijo...

C´est un gout aider a la construction d´un texte.

Allez Galán!

Duquesa de Katmandu dijo...

Buenas, tiro al viento (puede usarse o no, no firmamos con sangre en ningún lado, no?):

ametralladadora
Alcoyana

Beso,

Paula Daiana dijo...

Al suspenso de la historia le sumó esa cuota de humor que la hace más atractiva y cotidiana... gran relato se mando, tanto en la primera parte como en la descripción de Calígula...