Acomodó una mesa y se sentó, tratando de recordar lo sucedido. Había habido una gran batalla allí, mucha gente involucrada. Lo que no podía recordar era contra quien luchaban.Se levantó, caminó por el lugar, esquivando vidrios rotos y trozos de madera. El pico de una botella señalaba la salida, destilando olor a whisky. Se acercó a la barra, preparó un fernet y contempló las ruinas de lo que alguna vez había sido su obra.
Todo había comenzado con un viaje, una aventura que lo había llevado a conocer a un amigo querido como un padre y al amor de su vida. Luego la traición, ganar la apuesta e invertir en su único sueño: un bar. El Albatros.
Pero Valentín Flores no sabía que el mismo Albatros, final feliz de sus peripecias, iba a convertirse en principio atroz de nuevas odiseas, que culminarían en su destrucción. Final, principio; creación, destrucción; nacimiento, muerte. Ningún final es definitivo y todo vuelve a comenzar.
Marzo. Mes que, junto a diciembre, recuerda la circularidad infinita del tiempo. El eterno retorno de lo mismo. Diciembre, mes de conclusiones. Marzo, mes de volver a comenzar. Y así toda la vida en este círculo cerrado que llamamos tiempo.
-Parece que vas a necesitar algo de ayuda con esto.
La voz proviene de donde alguna vez había estado la puerta principal. De pie junto al umbral, estaba Somosa. Quien lo conociera lo vería de manera distinta: ya no el hombre inseguro que espera, ahora parecía decidido, confiado, listo para actuar. Primera muestra de que el cambio es posible.
-Estoy arruinado –Reconoció Flores.
-No te preocupes, tengo una propuesta.
-Te escucho, cualquier mano me vendría bien.
-Bueno, todavía guardo dinero de mi indemnización. Tenía pensado invertirlo con un amigo que conocí en Marruecos, pero dado que él ya no está aquí…
Silencio incómodo. Arrieta, Q.E.P.D.
Continuó Somosa:
-Creo que puedo usarlo en este bar, ayudarte a reacondicionarlo.
-¿Ser socios?
-Socios, claro.
-Reabrir el Albatros…
-Bueno, con respecto a eso, estaba pensando en un cambio de nombre…
Segunda señal. Tal vez el tiempo no era un círculo. Quizás sea más bien como un espiral, que vuelve al mismo lugar, pero ya no es el mismo.
Cambiar, señal de que estamos vivos.





