jueves, 1 de agosto de 2013

Paradigmas



Cuesta entender que a veces se complican las cosas queriendo ser más simple

A veces se desordena siendo ordenado o se lastima queriendo ayudar

No se pueden guardar en cajas las fieras ni se puede enjaular el mar

La libertad no tiene reglas y el río sólo fluye por su cauce natural

Cuesta aprender a ver las cosas de un modo diferente al que traemos de raíz

Pero no es imposible aquello a lo que uno puede acostumbrarse

Dividir y conquistar es a veces sólo una falacia

Unir y crear desde cero es imposible, nada surge de la nada

Pero los senderos previos pueden bifurcarse, la varas torcerse y lo rígido quebrarse

La mente está dispuesta a perspectivas diferentes

No hay bien ni mal, sólo distintos modos de ver las cosas

Calor, movimiento y cambios, señal de que estamos vivos

viernes, 10 de mayo de 2013

Reflexiones ético-morales


La ética consiste en un intento sistemático de determinar reglas generales de todo accionar humano, o al menos del accionar consciente. La moral, por otra parte, es menos general y está más relacionada a las costumbres. Así, lo que es visto moralmente correcto por determinada sociedad o época puede no serlo por otra. Pero los valores éticos, si existen, deben ser universales.

“¿Qué es el bien?” “¿Cómo debemos actuar correctamente?” “¿Cuál es el camino a la felicidad o al bienestar?” Son preguntas a las que intenta dar respuesta la indagación ética. Ya Sócrates, en el siglo V antes de Cristo, afirmaba, quizás con demasiado optimismo o ingenuidad, que quien conoce el bien no puede actuar mal. No deja de ser razonable su postura: si sé lo que está bien, ¿por qué actuaría de otro modo? Mas, la consigna requiere saber antes de actuar, y ahí es donde queda abierta la brecha para las diferencias. Porque, ¿quién conoce lo que es el bien?

Desde comienzos de nuestra existencia hemos necesitado siempre una norma que nos indique cuál es el camino a seguir, aunque más no sea para rebelarnos contra el mismo. Distintos avatares fue vistiendo esa norma, desde trascendentes como la idea de Bien platónica o los Diez mandamientos judeo-cristianos, hasta el desarrollo de éticas más empíricas como el hedonismo de Epicuro o el más reciente utilitarismo de John Stuart Mill. Sin embargo, en el ocaso de la modernidad, ese fundamento metafísico, religioso o racional ha sido destruido con el martillo de la lapidaria frase nietzscheana: “Dios ha muerto”.

Ahora bien, la caída de una norma externa que nos indique qué está bien y qué está mal no fue tomada de buen grado por los primeros posmodernos, desatando un pesimismo decadente que, al no tener una guía de acción, negó el sentido mismo de la vida. Sin embargo, el existencialismo bien entendido nos muestra que la caída del fundamento ético no es una condena sino más bien una bendición, ya que nos quita el velo de los ojos para que podamos exclamar: “somos libres”.

Nietzsche, al negar la existencia de valores universales sagrados e intocables no abrió las puertas al anarquismo, sino que dejó en claro que después de destruir hay que construir, pero que no se puede comenzar con lo nuevo si primero no se ha derribado lo viejo. Entonces, si no hay reglas trascendentes ni eternas, debemos confeccionar nuestras propias normas, terrenales, flexibles, adaptables a cada época, cuyo pilar fundamental será siempre seguir el camino de lo vital, es decir, lo que favorece a la vida y nos hace superarnos a nosotros mismos.

Luego, de la mano de Jean Paul Sartre, debemos reconocer que, al no haber una regla ajena que nos subyugue, “estamos condenados a ser libres”. Lo que yo decida hacer depende de mí y de nadie más, por lo que no es lícito actuar de mala fe poniendo excusas que le echen la culpa de mi accionar a mi historia, mi situación actual o a cierto tipo de obediencia debida. Somos libres, cada acción nuestra depende de nuestras elecciones y por eso mismo somos responsables de lo que hacemos. Hacerse cargo de nuestros propios actos es quizás la mejor manera de comenzar a comunicarnos. Y aprender a comunicarnos es una condición necesaria para consensuar cuál es el modo en el que deseamos vivir.

Lo que esta reflexión me lleva a concluir es que todos, sin importar nuestra posición económica, política, social o religiosa, somos responsables del tipo de sociedad que queremos formar y de la calidad de vida que deseamos tener. Y la premisa más básica a seguir ya nos fue dada desde hace dos mil años: hay que actuar con el ejemplo.

Quienes nos dedicamos a la docencia, en el nivel que sea, tenemos en nuestras manos un arma mucho más poderosa que cualquier espada de la justicia (que, por otra parte, siempre llega tarde): la educación. No obstante, la buena educación trasciende las fronteras institucionales y, al igual que la caridad bien entendida, comienza por casa.

El bien, desde mi punto de vista, es una construcción humana. Y si bien el errar parece ser un atributo esencial de nuestra especie, también debería serlo el aprender de nuestros errores. Cada uno de nosotros tiene en sí la libertad y la responsabilidad de construir un mundo mejor.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Hipersensibilidad


Hay momentos, días, en los que sentís algo extraño en la piel. El corazón se ensancha, se diluye, se infla, no entra en el pecho. Una extraña sensación recorre el cuerpo, haciéndote sentir incluso la ropa que llevás puesta. El aire huele diferente y hasta el peso de una pluma te hace ladear la cabeza. Las nubes, una discusión, un malentendido sutil o el retraso de algo tan esperado pueden ser causas de tales particularidades. Días de hipersensibilidad. Días en los que te preguntas si no habría sido mejor seguir durmiendo. Días en los que comprás por dos segundos el viejo sueño hippie de dejar todo y viajar. Hay algo malo en esos días. Una sensación rara, una susceptibilidad extrema que te lleva a cuestionarte tonterías o incluso a llegar al extremo narcisista de imaginar tu propio velorio. Sin embargo, en esos momentos donde tomás conciencia de que algún día todo se va a terminar, es cuando más te aferrás a la vida. Luego, las lágrimas mariconas que siempre afloran cuando meditás en este tipo de nimiedades emocionales devienen una muestra de felicidad. Te acordás de la familia, los amigos, el amor de tu vida, y no te importa cuántos de tus proyectos se cumplieron ni cuántos quedaron en el camino. El deseo se vuelve presente y realizado. Porque el deseo es simplemente estar vivo. Los sentidos se hipersensibilizan, y cada instante se transpira, cruda señal de vida. Y comprendés la relación entre calor-vida-movimiento. Entonces, ya está, ¿qué importan los misterios divinos, el antes y el después, lo eterno y trascendente? El aquí y ahora te dice que estás vivo. La vida puede ser un fósforo o una vela, un hogar o una hoguera, una chipa o una estrella. Pero mientras ese fuego brille, habrá vida. Y eso no es poco.

martes, 26 de junio de 2012

Vida



La vida es una abstracción que sólo se resuelve en instantes concretos. Y cada instante conlleva una decisión, porque incluso quedarse sin hacer nada es decidir hacer eso. Entonces, no existe la vida como no existe la línea sin los puntos, la trayectoria sin los tramos, los caminos sin los pasos. Y en cada paso, si no queremos quedarnos estáticos en una situación de Buridán  (aunque incluso eso sería una elección, morirnos de hambre), tenemos que elegir. Así, la vida, ese todo como ficción límite y necesaria para darle sentido a las partes, tiene cada ladrillo propio en cada decisión. Y los ladrillos construyen, y las i griegas se expanden en bifurcaciones que van más allá del sí y el no de la lógica bivalente. Cada día es el pilar sobre el que se va a apoyar el siguiente. Cada aliento es el escalón que sirve de apoyo al siguiente, cada acción conlleva una reacción y un contacto con el otro. Y sin el otro, no hay vida que valga la pena ser vivida. Cada momento es ontológicamente único, pero sería bueno vivirlo de tal manera como si uno deseara que se repitiera eternamente. El sentimiento de responsabilidad es inevitable ante la toma de conciencia de esta máxima. Mas la máxima felicidad debe ser el objetivo de cada uno de nuestros pasos, de nuestros ladrillos, de nuestros alientos. Por tanto, lo recomendable es hacer siempre lo que uno tenga ganas de hacer. Lo que uno sienta que contribuya a su felicidad, ese ideal que como el horizonte se corre a cada paso pero nos hace caminar. Ese sol que no nos quema pero nos ilumina el camino. Preguntarse si uno está haciendo lo que desea es un buen comienzo, reconocer que no lo está haciendo es un primer paso hacia el cambio. Saber que se está donde se quiere estar, eso es la felicidad. Aquí, ahora, con los otros que elegimos, en las circunstancias deseadas, con recuerdos y proyectos, instantes intensos de alegrías y tristezas pero siempre dentro del marco de lo que uno quiere hacer de su vida. Placer, honores, vida práctica o contemplativa, no hay una regla establecida más que la que dicta el corazón, y el estómago, que es el primero en darse cuenta cuando algo no encaja, es el detector del malestar a eliminar. Sin líderes, sin rebaños, sin leyes, castigos ni recompensas más que las que la propia conciencia da, la piel, los sentidos, uno siempre sabe sin necesidad de jueces ni policías lo que está bien y lo que está mal. Errar es humano pero de los errores se aprende, y el ser humano es tan falible como perfectible. Sólo hay que estar donde uno quiere estar.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El abismo



Comprendo que el perseguidor se transformó en perseguido cuando noto que me encuentro entre dos fuegos: frente a mí, mi enemigo; por detrás, el abismo. Doy un paso en falso y mi cuerpo se tambalea. Él comienza con su discurso:

“¿Te das cuenta? Eso por lo que tanto luchamos cada día puede acabarse en cualquier instante. Todos tus planes de años pueden desvanecerse en un segundo. La vida humana, ah, qué fragilidad… Qué ensueño de torpe poeta intentó buscarle sentido alguna vez. Qué necesidad contingente la de crear la angustia existencial… el amor, el deseo, la felicidad, motivos vanos, simples etiquetas demasiado humanas que fingen la comedia del significado… ¿Pero por qué, la vida, algo tan natural, tendría que tener alguno? ¿Es que no se han dado cuenta, meros mortales, de que la digestión forma parte de la naturaleza mientras que el significado es asunto del lenguaje? Buscá un ente natural, aquel árbol, por ejemplo. ¿Sabe el árbol que es árbol? ¿Conoce el origen de su especie, el destino de su progenie, el sentido de su florecer? La flor no se pregunta acerca del porqué de sus pétalos, simplemente es. El hombre, por el contrario… Mirá este puente, por ejemplo. El puente es un signo pero porque el hombre lo hace signo. El puente es señal de la civilización, del paso del hombre. Fue proyectado, tiene un objetivo. Estos dos trozos de tierra, separados por un abismo, ¿se cuestionaban algo acerca de su condición? No. Ni siquiera estaban separados. Eran tierra y punto. Pero entonces llega el hombre con sus proyectos y crea una necesidad y un significado. El puente marca un antes y un después en estos dos trozos de tierra: a partir del puente sabemos que antes estaban separados y que ahora están unidos… Mas el puente puede romperse y el hombre puede morir, y todo lo que costó siglos en construirse desparecer en un santiamén, y la vida del hombre, de un hombre (la tuya, por ejemplo, mi estimado amigo) esfumarse así de repente. Todos los proyectos quedar truncos, las alas cortadas, corto o largo plazo es lo mismo cuando el resultado final es la nada. Ahora bien, la vida a veces también ofrece opciones…”.

Miro hacia atrás, la distancia es enorme, jamás lo lograría. El viento corre fuerte, despeinándome. Resbalo, logro sujetarme en el último respiro. Me sostengo con una mano.

“En este momento puedo extender mi brazo y traerte conmigo hacia el lado seguro. O puedo estirarlo de modo contrario y empujarte al abismo. Vos, claro está, también tenés opciones: podés aceptar mi ayuda o intentar luchar. Sea como sea, tu vida, la vigencia de tus planes, tu desayuno de mañana, dependen de mí… ¿Qué haremos”.

Me balanceo, siento el tiempo como nunca antes: cada segundo es un una gota fría que corre por mi frente. Observo su sonrisa, su ansia de poder. Me extiende la mano, va a salvarme. Comprendo que ha llegado mi momento de hablar:

“Te equivocás, mi destino no depende de vos. Siempre es posible elegir. Hágase mi voluntad…”.

Suelto mi mano y me dejo caer.

jueves, 19 de abril de 2012

Jaulas abiertas para mentes vacías



Durante la primera mitad del siglo XX y con las guerras mundiales y las dictaduras europeas a flor de piel, los escritores interesados en su tiempo han imaginado futuros terribles donde gobiernos crueles esclavizan y convierten a los seres humanos en autómatas que realizan tareas por ignorancia o por temor. 1984 (Orwell, 1948), Un mundo feliz (Huxley, 1932) y Farenheit 451 (Bradbury, 1953), profetizan sociedades donde el miedo o la diferencia de clases rige sobre la vida de seres grises sin proyectos ni deseos ni posibilidades de cambio. Sin embargo hoy, a comienzos del siglo XXI, no hicieron falta medidas tan drásticas para que se cumplieran tales vaticinios.

1984 presenta una sociedad esclavizante donde los ciudadanos temen constantemente a una guerra inventada y deben recurrir al mercado negro para conseguir comida buena o placeres tales como el chocolate o el café. Hoy en día, sin dictaduras de por medio, somos libres de comprar lo que queramos, siempre y cuando nos alcance el sueldo. En Un mundo feliz se regala soma, una droga que mantiene a la gente sin pensar en sus problemas ni en cómo solucionarlos. En nuestro país, esa droga bien podría ser el consumismo, las redes sociales o los medios de comunicación y sus programas tan entretenidos como improductivos. Bradbury imaginó un mundo en donde los libros eran quemados para que la gente no lea, y por lo tanto no piense. Hoy no hace falta incendiar el papel: los libros están ahí, pero los quemados son los cerebros.

Casi cien años después de tan terribles pronósticos, los medios fueron diferentes pero el fin resultó ser el mismo: la especie humana evolucionó al darse cuente de que no era necesaria la violencia para imponerse ni la esclavitud para lograr la ignorancia. Por el contrario: la acción provoca la reacción, y si hay algo que los gobiernos no quieren, es que la gente reaccione. Entonces la solución viene dada por el fácil acceso a aquellos lujos que reemplazan a las cosas esenciales: estar siempre comunicado para no pensar, expresar todo de modo instantáneo sin meditarlo previamente, consumir, tirar lo viejo y comprar lo nuevo, donde “arreglar” es un verbo que ya ha perdido significado, además de requerir esfuerzo físico y mental. El dominio, la esclavitud, la ignorancia, el desgano, la falta de ideales no se ganaron a base de imponer modos de pensar, sino de eliminar por completo el pensamiento. Los jóvenes ya no le tienen miedo a la política: directamente no les interesa. El cerebro no se mató con balas, sino con imágenes. Ya nadie va preso o desaparece por hablar, porque no saben expresarse. Una idea no puede costarle la vida a nadie, porque no hay ideas, ni hay vidas

Queridos profetas del siglo XX: ustedes tenían razón, la vida se volvió gris y sin sentido. Lástima que ya nadie lea sus obras. Hoy las jaulas están abiertas, el problema es que ya no quedan deseos de volar.

martes, 28 de febrero de 2012

Mi primer amor


Hay veces en que la sucesión ordinal valorativa no coincide con la temporal. Así como en un silogismo uno afirma que la conclusión se da “después” de las premisas, sólo por defecto, aunque la relación lógica es simultánea, así también la vida nos da primeros y segundos meramente temporales, que no se corresponden con lo que realmente sentimos. Baste esta breve introducción para aclarar por qué al siguiente relato le cabe el sayo de “primer amor”.

Las transiciones diarias que se suceden en esta seguidilla de acciones y pasiones que llamamos vida son tan densas y continuas que uno no nota el cambio hasta recién después de haber pasado una considerable cantidad de tiempo. Sólo en ese instante no identificable uno puede detenerse y mirar hacia atrás. El parangón con épocas remotas llevan a la conciencia las ideas de distancia y de cambio. Mas, el carácter gradual del mismo hace que uno no pueda reconocer con exactitud cuándo dejó de ser el que era y cuándo comenzó a ser el que es.

No obstante, existen también ciertos momentos axiales en nuestro currículum vitae que permiten, cual bisagra, abrir la puerta al cambio discreto, provocando como un bastón moisesiano la clara división de las aguas entre un antes y un después. Eso fue lo que sentí cuando la conocí a Ella.

Ella no fue mi primer beso, si así se llama al primer contacto entre los labios propios y los ajenos; ella no fue mi primera vez, si por esta acción se entiende el mero hecho de unas sábanas culpables o de un hombre reclamando con justicia que comiencen a llamarlo hombre; no fue mi primer amor, si eso comprende tan sólo el comienzo de la efervescencia adolescente, el despego de la música como único sentido de la vida y la ruptura objetual con la madre. Ella fue todo eso y más, si “primero” se concibe en su sentido valorativo, donde el tiempo y la sucesión son quimeras sin significado dentro del campo de lo eterno.

Para siempre. Eso fue lo que pensé desde la primera vez que la vi, cuando nuestras miradas se cruzaron justo después de nuestras manos que por ese entonces portaban guantes blancos, fruto de una broma-excusa que no viene al caso. Para siempre, dijeron mis labios que no podían hablar porque estaban jugando con los suyos mientras las canciones se sucedían como agujas que marcan un segundo eterno. Para siempre, deseó mi corazón, sobreviviente de otras guerras sin sentido que hallaban al fin su verdadero bálsamo. Entonces, sin soltar sus dedos níveos caminamos a la par y nos dejamos ser sobre un sillón de cuero, blanco.

Cada una de sus palabras se correspondían con las mías como suaves pies que, apenas apoyados sobres los pedales de una bicicleta, comenzaban una marcha amena, franca y cada vez más empinada. Y nos dejamos llevar, libremente por sonrisas que avanzaban devenidas canciones y un amor que ya se atrevía a ser tal aunque la Luna no se había movido demasiado aún en su trayectoria nocturna.

A veces, ni siquiera el tiempo es necesario, cuando los arquetipos convergen, por azar o por destino, y se manifiestan en dos almas que desean ser una. Así, las mariposas, las nubes de algodón y el cielorraso teñido de rosa terminan por ensalzar aquello que no precisa cursilerías, por ser puro, auténtico, único.

La Tierra está a punto de dar una vuelta completa al Sol desde aquel día en que nuestros caminos se cruzaron. Mas la sensación sigue intacta, creciendo, alimentándose de deseos, proyectos, pequeñas pruebas, algunas ya realizadas, otras por hacerse. Y sus ojos mantienen la frescura de la primera noche, sus mejillas la inocencia, su cuerpo la pasión y su boca los suspiros que jamás dejan de unirse con los míos. La felicidad, búsqueda incansable de algunos y descanso resignado de otros, hoy se resume en levantar la mirada y comprobar que Ella sigue a mi lado.

Dicen que no hay tiempo para los dioses y quién sino Eros para ser causa y testigo de aquello que perdurará para siempre, y después también. Mi corazón, mi mente y mis cinco sentidos concuerdan y confirman con cada latido que ella fue, es y será mi primer amor.