miércoles, 17 de febrero de 2010

Dulce espera


El canciller esperaba la llegada del pequeño como si fuera la de su propio hijo. En realidad era su sobrino, pero él se paseaba nervioso por los pasillos aguardando el momento del alumbramiento.

El abogado, padre de la criatura en cuestión, también estaba allí. Se lo notaba algo tenso por la espera, deseaba fehacientemente poder ver el rostro de su hijo.

El canciller y el abogado eran hermanos mas no se hablaban. Es increíble lo ridículamente eternas que pueden llegar a ser las disputas familiares, incluso en las circunstancias más extremas.

Dirimía entre ellos el viejo comisario, progenitor de ambos. Deseoso estaba también de estrechar a su nieto entre sus brazos. Los tres esperaban la venida sin intercambiar palabras.

De pronto un grito fuerte mezclado con llanto rasgó aquel aire enrarecido. Los tres hombres se petrificaron con la mirada fija en la entrada del salón. Volvieron a sus posiciones cuando comprendieron que aún tendrían que aguardar un poco más para verlo: seguramente estarían lavándole la sangre y poniendo su cuerpo en condiciones para el encuentro.

No sorprendía la ausencia de mujeres en la sala: dicen que ellas son más fuertes y resisten mejor a las vicisitudes de la vida. Ni siquiera su madre se encontraba allí.

Minutos después se abrieron las puertas y la luz corrió desde el pasillo como si de un túnel se tratara: un joven esbelto aunque algo maltrecho caminó rengueando. Sonrió al ver las viejas caras conocidas.

Había muerto esa misma tarde en un accidente automovilístico. Sus seres queridos, que habían partido antes que él, lo estaban esperando en el más allá.

20 comentarios:

El Jardinero del Kaos dijo...

Genial(te robo la muletilla)

Fue como una bofetada en la cara!!!

Dixie Daisy dijo...

El tiempo transcurría con demasiada lentitud. Las horas estancadas los minutos, los segundos... Una décima de segundo equivalía a toda una eternidad. Y el silencio sepulcral...
Miró de reojo hacía el mostrador de las enfermeras, regentado por una mujer delgada, vestida con el riguroso uniforme blanco que solían lucir tales empleadas. Ella, impasible, sostuvo su mirada. La quietud le sobresalto repentinamente, sintió una punzada en la boca del estómago; pero se obligó a sí mismo a mantener la vista fija sobre la blanca figura. Ella le observaba y, a la vez, parecía mirar al vacío, traspasándole. Sobre su cabeza pendía un reloj. Intentó descifrarlo. Los recuerdos se perdían en la neblina. Un aviso: "Ven al hospital. Deprisa" y él había obedecido, sin pedir mayores explicaciones. Luego la espera. Un fundido en negro y fin.
La voz de su hermano sobresalía a lo lejos. Había que planear el entierro y realizar los trámites oportunos. ¿Quién avisaría a los parientes?
La enfermera continuaba impertérrita, sin mover un sólo músculo. Su piel semejante al mármol; sus ojos fríos como el hielo. Un mechón castaño cruzaba su frente. Mientras la miraba, olvidó cuánto había ocurrido. No era especialmente bonita; tampoco especialmente fea. Perdió la noción del tiempo y el espacio. Sólo podía distinguir la voz de su hermano, alejándose.
No había razón para seguirle, en cambio, una fuerza refleja le impulsó hacía el mostrador. Pero una vez allí, no supo qué decir.
La expesión de la mujer cambió. Ya no le resultaba tan fría ni tan distante.
- "Ven",- Susurró.- "Debes venir conmigo".
- "¿Dónde?"- Acertó a responder. Un sabor metálico se apoderó de su paladar. Sentía la boca pastosa y sus propias palabras sonaban incongruentes.
- "No necesitas saberlo... por el momento".- Dijo ella mientras traspasaba el metal.
- "¡¿Quién eres?, ¿qué eres?!"- Chilló sobresaltado.
- "Una amiga".
Miró a su alrededor. La sala continúaba en calma. El viejo militar había desaparecido.
- "Ven, no tengas miedo".- Repitió la enfermera.- "Te están esperando".

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Yo estaba esperando a que en algún momento salte eso de que esperaban el cuerpo muerto, porque el relato da esa impresión que es un reecuentro y yo imaginé que lo ibas a refutar así.

Pero no, nunca hay imaginación que valga para tus finales.

Más allá de eso, te doy las gracias, por darme una imagen más de lo que podría llegar a ser ese reencuentro en el que yo sí creo.

Abrazo.

Viejex dijo...

Muy bueno. Sólo cuestiono un poco el título. Yo le pondría "La espera" nomás. Me impresionó la imagen de los hermanos que no se hablan ni siquiera después de muertos.

Ginebra dijo...

Sería maravilloso que algo así ocurriera en nuestro ultimo viaje hacia no se sabe donde…
Un beso.

Jaz3000 dijo...

Qué decir, muy buen final. Realmente admiro la facilidad de algunas personas para escribir. Estoy totalmente de acuerdo con esta parte (cita textual):

"Es increíble lo ridículamente eternas que pueden llegar a ser las disputas familiares, incluso en las circunstancias más extremas."

Eso me ha tocado vivir los últimos meses. Uf, dramas vienen y dramas van.

En fin, un excelente escrito, me gusta mucho pasar por aquí y encontrar este tipo de cosas.

Muchos abrazos :)

el oso dijo...

Uhhhhh, bueníiiisimooo...
Sorprendente y reflexivo a la vez. Me encantó esto, amigo. Un relato im-pre-sio-nan-te.
Abrazos

TAMIA dijo...

Irresistible tu huracan de plabras-sentimientos

Berserkwolf dijo...

jaja, veo no soy el unico al que agrado el conflicto de los hermanos... uno se imagina y da cuenta de los extremos a los que llegan... jaja antes de notar que estan muertos, despues las dimenciones cambian, la idea se amplia y la ironia de la falta de mujeres en la sala se aclara, realmente bueno

Giselita dijo...

Ay Ay AY... No dejás de sorprenderme!!!
Otra vez quedo sin palabras.
Mis felicitaciones.

Trepidar dijo...

Para escribir estos relatos 'sorpresivos' lo primero que hay que tener claro es el final, la sorpresa. El resto del cuerpo del relato sirve para que no aguardemos esa sorpresa, creyendo que se trata de algo más simple. Lo encontré muy bueno, pero hubiese esperado más de esto último. La brevedad es otro factor importante, está claro, pero por ejemplo, eso de que los hermanos estaban peleados pudo haber sido más aprovechado. Que contaras las razones, o algún recuerdo.

De todas formas, está excelente. Muy bueno.

Nos vemos!

Filosofando al vacío dijo...

Qué buen modo de concebir el nacer en la muerte, y también la eternidad de ciertas disputas.

Saludos,
Alejandro.

SIL dijo...

Donjuan:
Sencillamente ésto es lo mejor que he leído en este blog hasta hoy, y mirá que he leído cosas maravillosas aquí...
Sabés que te lo digo de corazón.

La analogía, el clima, la doble lectura y la reflexión son simplemente geniales.

Besos Profe, lo suyo, IMPRESIONANTE!!!!


SIL

Carla dijo...

Ayyyyyyyyyyyyyyyyyy.......
NO se que decirte... me quede helada.
Que buen cuento, que original.
Uno de los mejores que te he leído.

Viviana dijo...

¿Por qué un canciller, un abogado y un comisario? ¡Qué grupito que armaste en el más allá!
Siempre vi la muerte como un nacimiento al revés.
Es más raro ver el nacimiento como una muerte al revés. ¿Qué hay antes del nacimiento? ¿Hay un más allá y seres queridos que nos despidan?
Un abrazote

ÓNIX dijo...

La muerte es tan inspiradora como la vida misma, de hecho creo que es más interesante...

Me pierdo, lo sé...

Pero regreso para disfrutar de estas letras tan tuyas cargadas como siempre de lo mejor de tu desenfocada imaginación...

Me encantas... Ya te lo he dicho...

Besoss...

Arya dijo...

Ayy las disputas, dulce espera.

Mi abrazo tierno Sr. Galante : )

Beatrice Bleu dijo...

Me encanta la forma en que escribes. Voy a leerme este blog desde el principio que lo sepas.

Un saludo.

Agua dijo...

Mi querido Galan!!! ya vuelvo a estar por aqui despues de unos meses sin internet (las mudanzas son un lio!!!) Y me alagro de volver a leer relatos tan misteriosos como este!! que te esperas una cosa y al momento zas! te das cuenta que te habias equivocado!! Genial como siempre! Besos llenos de agua de casi marzo ;)

Luna dijo...

Me sorprendiste.

Besos