viernes, 2 de abril de 2010

Peripecias del último hombre


Me dejé llevar por la música: un vals electrónico con toques psicodélicos que combinaban de maravillas con las aventuras del los escritores de finales del XIX y principios del XX. Las notas me pegaban como torpedos helados en los antebrazos y demás extremidades, despertando escalofríos rítmicos. El placer, mezcla fina con el frío y el temor, estiraba los vellos de mi cuerpo. Una energía eléctrica recorría mi ser en ondas sinuosas pero firmes.

De pronto la mano en la espalda y el golpe seco me recordó dónde estaba: una manada de gente atravesó como un embudo la puerta del subterráneo, arrancando los auriculares de mis oídos. Como en el mito de la visión perruna, el día volvió a ser blanco y negro.

Tanteé la valija, seguía en mis manos. Sin embargo mi cuerpo y mi mente estaban confundidos: me costaba diferenciar la vigilia del sueño, ¿me habría dormido en el viaje? Con ojos pegajosos y aliento acre bajé en la estación siguiente. No sé si era la correcta, sólo necesitaba salir de allí, aclarar las ideas. Respirar aire fresco.

Los acordes volvieron a mis oídos y el color a las cosas. ¿Acaso sufría algún tipo de sinestesia? Cuando todo lo que tenés son tus sentidos el cuerpo se convierte en un arma muy poderosa. Subí la escalera mecánica, salí al exterior.

El smog había tornado el día en noche en un eclipse urbano y monótono. Apenas distinguiendo siluetas borrosas tracé una senda mental y me deslicé sobre ella. Jugaba a pasar sin tocarlas, descontando cinco puntos por roce. Perdí tres vidas antes de llegar a la puerta del banco.

Una vez allí otra vez la música enmudeció entre mármoles espurios. Rostros agitados pasaban sin ver ni sentir. El edificio parecía obligar a dejar las sonrisas afuera y los modales debajo de las almohadas. Mi fila resultó ser la más larga. Siempre odié que la gente me hablara en las colas y maldije haber destapado mis tímpanos cuando el quejoso de turno compartió sus malestares conmigo. Yo también había abandonado el paréntesis de mi cara en la escalera de entrada.

El maletín cargado de ilusiones seguía en mis manos. Una cantidad de dinero que no sería capaz de juntar ni en el triple de los días que tenía concedido vivir descansaban a un costado de mi pierna. La fila avanzaba y con ella la idea de escapar con todos esos papelitos respaldados en oro que llevaba en la caja negra.

Tan sólo diez personas me separaban de la ventanilla. Diez pasos, la valija cargada de dinero. Ahora nueve y yo parado como un simple medio. ¿Cuánto tardaría en salir de allí, tomar un taxi al aeropuerto y desaparecer? Ocho personas. Siete minutos. Mi corazón aceleraba su galope.

Miré alrededor, no llamaba la atención con mi traje de persona normal. Seis sujetos, no cinco, esos dos iban juntos. Comprar ropa en el exterior, trabajar lavando copas para vivir no sería tan diferente que lo que ahora estaba haciendo. Toqué un piano imaginario sobre la tapa del maletín mientras se iba la tercera persona y pasaba la segunda. Las gotas caían frías por mi nuca.

¿Quién divide el bien del mal? ¿Con qué vara se distribuye la riqueza? Trabajarás para ganarte tu pan hasta el final de tus días… El sudor del cuerpo entero sólo produce la apariencia de que todo funciona correctamente. Pero en la verdadera estructura se encuentra el valor agregado, ese que los peones nunca vemos… Un hombre dio un paso y generó un vacío de duda abismal entre su espalda y mi frente. Había llegado el momento de decidir, yo era el siguiente.

Imaginé libremente los caminos inesperados por los cuales podría llevarme mi huida. Una vida repleta de aventuras, un amanecer diferente al anterior cada día. La ruptura de la inducción humeana a cada paso inesperado.

Mi turno llegó, la hora de elegir. Avancé hacia la caja. Abrí la valija y deposité el dinero en la cuenta de la empresa para la cual trabajaba.

Al salir del banco maldije mi previsibilidad y regresé a mi vida gris. Al menos mi corazón volvió a latir tranquilo. No es fácil ser cadete, uno sufre la tentación cada principio de mes. Por lo menos la música daba color a mis ideas y libraba mi imaginación. Y caminando por las calles pueden verse lindas chicas.

18 comentarios:

Arya dijo...

Ultimo hombre.. porque apesar de la tentacion no te llevaste la lana?... o porque apesar de ser embestidos tantas veces por la vida.. seguimos.. asi seamos el ultimo de la fila.


Abrazos.. me haz hecho pensar Sr. Galante.. sera q es un viernes y encima santo ;)

SIL dijo...

Hay vidas grises que con tales actos mensuales de heroicidad, aún en el anonimato absoluto, brillan más que el lucero del alba.

Magnífico, Donjuan, el relato es impecable, el hilo conductor atrapante, y el final, como siempre, la ¨frutiyyyyita¨ de la torta.

Un beso SANTO !! Galán de Barrio.


SIL

Ro dijo...

Pienso lo mismo que Sil...
No hay dinero capaz de pagar la paz y la libertad (y más aún la libertad de ser uno mismo) (Aunque la sociedad en que vivimos trate constantemente de convencerte de lo contrario...)
Besos!!!!
Ro

Louisianee dijo...

Ja! Senti como que me mantuviste en suspenso... No sabía a dónde iba toda la cosa, pero luego al final me has hecho sonreír. Hahahá. En fin, me agradó mucho!

Por cierto, gracias por la bienvenida. Continuando el comentario, pues que malos los que no comentan, hahaha.

No puedo creer que la mayoría no te haya comentado nunca... pero ¿qué se le hace? Tus escritos son demasiado profundos hehe!

Oye, Galan! ¿Cómo has puesto eso de "leo pero no comento" ?


Te mando un saludote, besos y abrazos hahá. Qué emotiva. Buena noche!

Berserkwolf dijo...

pasar por sentidos que se mezclan y una perdida de la realidad... no se en cual rutina se vuelve mas frecuente, pero seguro la carga de fantasia que da la posibilidad(de varias posivilidades)lo hace mas fuerte

HUMO dijo...

En este mundo cada vez es mas difìcil ser ètico, moral, honesto, pareciera que ciertas virtudes se fueran diluyendo en la chantada...
Me pregunto què influencia tiene en nuestro actuar la mirada de los otros, hasta que punto hacemos o dejamos de hacer por propia voluntad.

Me gusto tu relato.

Beso!

=) HUMO

Filosofando al vacío dijo...

Estamos frente a un sin fin de posibilidades; a veces creemos hacer lo correcto, a veces creemos que creemos en lo correcto. He aquí un cóctel de filosofía y moral: a veces no hacemos simplemente porque no nos animamos... total luego justificación hay para todo.

Saludos,
Alejandro.

el oso dijo...

¡JA! Brillante. Esperaba otra cosa, claro que a cualquier cadete que hace ese laburo se le ensueñan las ideas.
Además, me gustan mucho estos posts donde uno no se queda sólo con un buen relato sino también cion buenas preguntas.
Abrazo

Terapia de piso dijo...

A mí decidir cada ve< se me hace más complicado.

Un abrazo.

José Roberto Coppola

ÓNIX dijo...

La ética y rectitud cada vez se van de viaje, sin embargo hay quienes optamos por vivir en libertad sin estar huyendo, lo cual nos pone en la opción de la ética...

Ya lo dijeron por hay, no hay dinero capaz de pagar la libertad y la paz y sin duda alguna, comparto ese pensamiento, no podría andar por la vida escondiéndome sin poder disfrutar ni siquiera de ser yo...

Me quedo con una vida normal... Trabajando y teniendo ideas emprendedoras se puede salir adelante sin necesidad de robar. No quisiera pasar toda una vida tras las rejas o llena de culpas y frustraciones...

Besitos mi Galán, siempre con excelentes entradas...

Jaz3000 dijo...

Es adrenalínico cuando uno puede imaginar todas las cosas que puede hacer, pensando en que una situación le cambiará la vida... y después de experimentarlo, las expectativas caen abruptamente y sencillamente vuelve a ser el mismo de antes. Es lo que me quedó del escrito, o lo que interpreté.

Es cierto que la tranquilidad no tiene precio, pero a su vez es terrible caer en la rutina... o volver a lo que ya uno conoce. No sé como explicarlo bien. Podría compararlo con el viaje que hice sola hace ya cerca de un mes.

Muchas gracias por tu comentario :), tienes razón con lo de los pechos jeje. Muchos abrazos.

El Jardinero del Kaos dijo...

lo mejor de cadeatear es mirar minas, sin dudas, el resto...te mojas cuando llueve, te cagas de calor en verano y corres el riesgo de que te afanen...

un abrazo.
el sabado duelo de titanes

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Yo llegué a hacer dépositos enormes también, y en lo único que pensaba antes de llegar a la ventanilla era: por suerte después de esto, me voy a mi casa.

Lo que hace la honestidad, no?

Ginebra dijo...

No se donde está la barrera de lo correcto o incorrecto con respecto a los demás, puesto que cada uno tiene sus propios límites, pero si se donde está la mía, y es ahí donde me permita gozar de cada cosa que hago en la vida, siempre que luego pueda acostarme con mi conciencia tranquila...
Excelente relato...
Bsos...

Agua dijo...

Que bueno Galan!!!! realmente genial!! Me encanta el giro que le das al final es simplemente magistral. Sabes? mientras te leia me iba imaginando cada escena, como si fuese un cortometraje... enganchas con las palabras cada dia mas! un beso

Carla dijo...

Y si... es el último hombre.
No cualquiera preferiría dejar el dinero.
creo que es un valiente.

Galán de Barrio dijo...

"Nietzsche sostenía que las creencias en Dios, la Moral y la Metafísica se han revelado inconsistentes; que su origen no se encuentra sino en el hombre, en el hombre débil y sufriente que no puede superar por sí mismo su dolor y busca consuelo en el más allá. Por eso habla de la "muerte de Dios" y propone un nuevo tipo de hombre: el súper-hombre. Paralelamente, advierte sobre el peligro de que nuestro tiempo dé a luz al más bajo de los hombres, al "último hombre", que no vive ya la grandeza alienada del hombre clásico pero tampoco llega a la propia del súper-hombre. El "último hombre" es aquel que se conforma con lo superficial, que no se conmueve ni por la "muerte de Dios". A este tipo de hombre Nietzsche lo considera despreciable"

http://www.luventicus.org/articulos/02A027/nietzsche.html

ana. dijo...

Cada vez me gusta más como escribís, Juancito. Disculpá las demoras en mis visitas al barrio(tengo algunos contratiempos :( )
Pero estoy muy felíz, cada vez escribís mejor.

Un beso grande