jueves, 19 de abril de 2012

Jaulas abiertas para mentes vacías


Durante la primera mitad del siglo XX y con las guerras mundiales y las dictaduras europeas a flor de piel, los escritores interesados en su tiempo han imaginado futuros terribles donde gobiernos crueles esclavizan y convierten a los seres humanos en autómatas que realizan tareas por ignorancia o por temor. 1984 (Orwell, 1948), Un mundo feliz (Huxley, 1932) y Farenheit 451 (Bradbury, 1953), profetizan sociedades donde el miedo o la diferencia de clases rige sobre la vida de seres grises sin proyectos ni deseos ni posibilidades de cambio. Sin embargo hoy, a comienzos del siglo XXI, no hicieron falta medidas tan drásticas para que se cumplieran tales vaticinios.

1984 presenta una sociedad esclavizante donde los ciudadanos temen constantemente a una guerra inventada y deben recurrir al mercado negro para conseguir comida buena o placeres tales como el chocolate o el café. Hoy en día, sin dictaduras de por medio, somos libres de comprar lo que queramos, siempre y cuando nos alcance el sueldo. En Un mundo feliz se regala soma, una droga que mantiene a la gente sin pensar en sus problemas ni en cómo solucionarlos. En nuestro país, esa droga bien podría ser el consumismo, las redes sociales o los medios de comunicación y sus programas tan entretenidos como improductivos. Bradbury imaginó un mundo en donde los libros eran quemados para que la gente no lea, y por lo tanto no piense. Hoy no hace falta incendiar el papel: los libros están ahí, pero los quemados son los cerebros.

Casi cien años después de tan terribles pronósticos, los medios fueron diferentes pero el fin resultó ser el mismo: la especie humana evolucionó al darse cuente de que no era necesaria la violencia para imponerse ni la esclavitud para lograr la ignorancia. Por el contrario: la acción provoca la reacción, y si hay algo que los gobiernos no quieren, es que la gente reaccione. Entonces la solución viene dada por el fácil acceso a aquellos lujos que reemplazan a las cosas esenciales: estar siempre comunicado para no pensar, expresar todo de modo instantáneo sin meditarlo previamente, consumir, tirar lo viejo y comprar lo nuevo, donde “arreglar” es un verbo que ya ha perdido significado, además de requerir esfuerzo físico y mental. El dominio, la esclavitud, la ignorancia, el desgano, la falta de ideales no se ganaron a base de imponer modos de pensar, sino de eliminar por completo el pensamiento. Los jóvenes ya no le tienen miedo a la política: directamente no les interesa. El cerebro no se mató con balas, sino con imágenes. Ya nadie va preso o desaparece por hablar, porque no saben expresarse. Una idea no puede costarle la vida a nadie, porque no hay ideas, ni hay vidas

Queridos profetas del siglo XX: ustedes tenían razón, la vida se volvió gris y sin sentido. Lástima que ya nadie lea sus obras. Hoy las jaulas están abiertas, el problema es que ya no quedan deseos de volar.

7 comentarios:

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Es tristísimo, pero es tan cierto.
Yo una vez lo planteé más de frente en mi blog. Inmediatamente saltaron todos los AMO a CFK y mi blog en dos segundos tenía como 15 comentarios en repudio a mis creencias y mi postura (la misma que la tuya).

Es así, la gente tiene ojos, pero no quiere ver.

Juan dijo...

Ojo que lo mío no es un texto con intención exclusiva anti K, sino que apunta a una tendencia general en nuestro país, más allá del gobierno de turno, y me atrevería a decir en todo el mundo

aunque sé que las generalizaciones nunca son buenas, y que en algún rincón siempre queda la esperanza...

ojalá que este texto pesimista no sea más que eso y que en el mundo quede siempre gente luchando por mejorarlo, aunque para lograrlo haya que hacerlo girar para el otro lado

Berserkwolf dijo...

final contundente, no se que tan pesimista sea, claro que no es la totalidad de la humanidad, pero parece que poco a poco tiñen de un gris pardusco el horizonte, aun quedan ideas pero ya no queda interes en ellas,recuerdo con tristeza nostalgia y anhelo un texto de una amiga, que hablaba sobre un ave que nunca conocio el horizonte y cuando su jaula se derrumbo ya no quedaban deceos de volar, por aquel entonces me paso por la mente remplazar ese horizonte, creo que no me vendria mal escribir la historia que pense y que me influencio, ese pensamiento que deceo a toda costa contradecir, una vez mas no se si podria decir que es pesimista, es una comparacion acertada, revertir la tendencia vale la pena intentarlo hasta el desanimo, y hasta el nuevo brote de esperanza, hasta el desaliento, y hasta que vuelva a haber ganas de luchar, no hay que dejar de intentarlo, la esperanza uno la construye con terquedad

Berserkwolf dijo...

mi deseo, de contradecir con todas mis fuerzas, el planteamiento de ella, ya que leo, que he jaja perdido aun mas la capacidad de hablar coherentemente

Mista Vilteka dijo...

A mí en estos casos me preocupa siempre la percepción de una situación dada por quien la narra al haber sido el ente perceptor y la distribución sistemática del mismo.

La decepción cuando se asocia con grupos o derivada de ellos, bien puede ser un efecto de método de medición.

O eso me gusta creer.

¡Chévere el texto! Yo veo un futuro y un ya y ahora más esperanzador.

Saludos.

F.

el oso dijo...

Muy buena reflexión, estimado Juan. Incluso cuando no acuerde del todo, no puedo negar que en muchos aspectos la realidad se presenta exactamente así.
Veo que a pesar de mis prolongadas ausencias el barro conserva intacto ese espíritu que sobrevuela como un tábano insolente.
Abrazo!!

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Ojo, yo menos, pero los fanáticos siempre se dan por aludidos