jueves, 10 de febrero de 2011

Declaraciones descartables


Es víspera de fin de semana y prepara las piezas del juego. Había comenzado bien, ganando el domingo entre amigos, y pretendía terminar aún mejor. Pero el partido más difícil se jugaría esta noche, fuera de la cancha.

Dispone zapatillas, calza remera colorida pero sobria, fiel a su estilo, y debate interiormente si bermudas o jean. Aunque preferiría el primero, opta por el último, no sea cosa que no lo dejen entrar en ciertos lares.

Envuelto en su campera (no hace frío, pero en la moto siempre se siente), aprieta el acelerador y comienza a alejarse poco a poco del barrio, rumbo al centro de las luces. Repasa mentalmente la estrategia infalible, aunque sabe que la única certeza es que siempre falla. Algún día, tal vez…

Llega al bar, se apea del vehículo e ingresa sonriente. La charla con los muchachos ronda los mismos temas de siempre: jornada laboral, mujeres, vacaciones, fútbol y… mujeres. De pronto, en la fría hora que precede al alba, cuando ya la previa se comió la noche y es tarde para probar suerte en otro sitio, nuestro héroe blande su arma más temida: pide la cuenta y una birome. Sus cofrades saben que ha llegado el momento de dejar el dinero sobre la mesa y partir, dejar al campeón solo con su lucha.

La mesera, víctima ingenua, trae la pluma que el Cervantes de bolsillo hace bailar ligeramente sobre una servilleta de papel. Paga con propina incluida y mensaje anexo. ¿Fue, acaso, una epístola romántica lo que entregó a su amor imposible? No realmente, aunque sí anotó su nombre y un número de teléfono. Vistiendo el ropaje de la esperanza que nunca se pierde, el simpático acosador de mozas se va con la frente en alto.

Nadie recuerda ya cuándo había empleado el truco por vez primera. Quizás en medio de una borrachera estival, o habría comenzado todo como una broma entre amigos; lo cierto es que en mil y una noches de papelitos autografiados a distintas mujeres con delantal, nunca había recibido una respuesta.

El sol que entra por la ventana lo despierta. Infiere que se trata apenas del mediodía, por la resaca aún presente en su cabeza. Se prepara para descansar un rato más, cuando los acordes de Guetta lo despabilan de golpe: su celular brilla exhibiendo un número desconocido.

Quizás, esta vez, la fórmula había resultado.






[Dedicado a un amigo, cuya gracia no daré por cuestiones obvias]

10 comentarios:

Yo NO SOY Cindy Crawford!! dijo...

Yo lo llamaría para decirle:

Disculpá, te olvidaste un papel en el bar.


Jajajajaja.

Sizu Yantra dijo...

Empezare a intentarlo, conozco un par de meseras muy guapas, igual y funciona...

SIL dijo...

Me pareció infinitamente romántico, y escribir ¨el Cervantes de bolsillo¨ me pareció infinitamente hermoso.

Tanto va la tinta al papel, que al fin resulta- hablo con conocimiento de causa-

Un beso, DONJUAN

SIL

Recomenzar dijo...

Muy bueno.Gracias por recibirme a tu barrio El mio era Belgrano C Y R ahora en Miami me descalzo en la arena a orillas del mar

Miss Tania dijo...

Hm. Si yo fuera la mesera... exactamente en este momento, claro, lo mandaria a volar. Ya no me fio, despues de estar viajando y conocer un poquito mas.

No se si es porque en estos dias estoy como un ogro, amargada (ademas del 'dichoso' dia de los enamorados, puaj), que no puedo encontrarle nada romantico al texto, pero si pienso que escribes de una forma muy curiosa y que divierte y deja pensando al lector ;)

Perdona si ya no comento tan a seguido, tengo varios motivos que son validos para mi jeje, pero si leo todas tus entradas, al igual que en Facebook.

Un abrazo, bye!

Patricia dijo...

Algun dia tal vez...seria ese el dia? Dicen que el que apunta a las etrellas algun dia le da a la luna...siempre tan enigmatico amigo,
besos,

Carla Kowalski dijo...

Bueno, esta vez tuvo suerte...
Un lindo cuento Galán!

Anónimo dijo...

era el novio de la mina. agarrate cacahuate!!!
saludos. alfonso!

Nati dijo...

Qué lindo relato! Ja me encanta cómo escribís. Me parecio super dulce contado, no sé, capaz flasheo.
En serio re lindo.

Quiero que alguien me haga algo de eso. A veces cuando me gusta un chico en el colectivo me da ganas de tener un papelito preparado con mi mail o algo así. No me animaría igual.

Besos

Paula Daiana dijo...

Todo es posible y creo en esas historias casuales de encuentros azarosos y bareños!