
Te vi desde el primer escalón, estabas sentada de espaldas a la máquina. Tomé mi boleto y me ubiqué en frente tuyo. No supe que te interesabas en mí hasta el primer semáforo. Nunca una mirada directa, nunca la belleza de tus ojos como dos lunas llenas sobre los míos. No hicieron falta: yo los espiaba de costado y sabía que me buscaban. Sin decirme nada, sin un gesto siquiera, te gustaba provocarme, llamar mi atención. Y en ese momento odié tu ciencia deductiva. Porque supe que sin hablar ni escuchar ya lo sabías todo. Ciertos detalles tuyos, la forma de vestir, el misterio de tu rostro develaban tu fascinación detectivesca, tu convicción, tu astucia. La pose arrogante denotaba tu personalidad indubitable y austera. Entonces supe que me estabas deduciendo, me veías y me etiquetabas, me subsumías bajo leyes universales. Conociendo mi vestimenta, la hora, el recorrido del colectivo, sólo bastaba con ver mi bolso con el conocido escudo de la docta mujer de níveos senos para inferir que era estudiante universitario, que estaba llegando un poco tarde y que bajaría en la esquina de la facultad de filosofía. En cambio yo… no podía saber nada de vos. Tu vestido de domingo, el largo de tus cabellos sujetados por una vincha, los auriculares clavados. No soy bueno en esto, no podría adivinar ni lo que estabas escuchando. Tu seguridad y confianza me abrumaban, me incomodaban, no sabía qué postura tomar. Si cruzaba las piernas pensarías que estaba nervioso y si las estiraba que era un vago. Entonces me iluminé, encontré la forma de salir de tu laberinto disyuntivo: iba a darte un regalo. Una magia, la más antigua, la que inició las cadenas de pensamiento pero que, paradójicamente, tu lógica no esperaría. El asombro. Inspirado por un impulso repentino me levanté y toqué el timbre. Me bajé en una parada cualquiera, obsequiándote algo que pude darme cuenta de que hacía mucho tiempo que no experimentabas. La sorpresa se reflejó en tu mirada que alcancé a ver, por primera y última vez, por el espejo retrovisor antes de tocar tierra, mientras el círculo de tus labios absortos devenía poco a poco una sonrisa.
18 comentarios:
El abismo entre dos lógicas diferentes que buscan encontrarse.
Muy bueno.
Si supieramos lo que piensan otras desconocidos de nosotros, lo que podemos llegar a sentir en una situación diaria y aparentemente vacía, seguramente nos pasaríamos la vida besándonos unos a otros.
un abrazo
La fuerza de la atracción…
Tus letras son como un caramelo, cuando has terminado de saborearlo y se ha diluido en tu boca…te apetece otro… ;-)
Un placer amigo
Muackss!!
En cualquier juego, en la guerra y en el amor, la estrategia del ¨factor sorpresa¨ se ha franqueado memorables triunfos.
Un beso, DONJUAN
SIL
Podemos considerarlo un triunfo, te libraste de su poder deductivo, aunque no se, quizás podías haberle expresado mayor seguridad y jugar con ella el juego de las miradas, y las deducciones, quizás esas 2 lunas escondían algo mas...
Saludos!
jaja nunca he sido bueno, con ese tipo de deduccion, ni los juegos
Genial
Hay historias en los colectivos que son amores casi eternos.
Sencillamente, genial.
(parece que intentando decir como ella te veía, terminaste describiendola a ella)
:)
abrazo del faro al barrio.
Gracias a todos, gente linda!
Ahora es cuando aparece mi amigo el Jardinero y dice "¿Hace falta aclarar que el hecho de que el texto esté en primera persona no significa que te haya sucedido a vos?"
Jaja
Es clarisimo que no te pasa a vos ya que ibas a la facultad en auto o si lo hacias en colectivo, no tomabas la linea donde ocurrio esta historia por que daba muchas vueltas el colectivo...
me gusto.
un abrazo y que se repita la Ferneteada
Te ;eo y te entiendo Saludos desde el norte
Cuando sea grande quiero escribir como vos.
Dioooooooooooos, nene...
Te pasás.
DESDE LAS ALTURAS......LAS LETRAS Y LAS INSPIRACIONES SON DE POCOS ..SALUDOS..
Que increible final! No me lo esperaba...
Pero ¿no habrá sido miedo? A encontrar el amor.
Parecían el uno para el otro, mas la manera de observación tan detallada. Ese descubrir en alguien todo su ser.
Me encantó este relato!
muy bueno! muy bueno!!!
twist twist. jaja. y sí, los estudiantes de filosofía somos muy obvios (al menos durante la carrera de grado).
Besos. Alfonso.
Un texto muy cinematografico, me he imaginado el final en un fundido.
Excelente texto!
Un palcer para los ojos y la imaginación.
Un saludo desde el oscuro desván de mi memoria.
Siempre me encantan tus escritos compadre aunque dure mucho sin venir a tu casa...! como vas?
Un abrazo!!!!
Esos encuentros tienen un ingrediente especial que bien supiste desgranar en tu escrito... en mi caso esos seres desconocidos hacen mas atractivo mis viajes ja!... en fin me gustan las deducciones sobre desconocidos que no tienen lógicas ni razones.
Ah y me encantó la foto!
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